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al 01/abril/2008


1928, de Buenos Aires a Mar del Plata en automóvil

El Plano del camino Buenos Aires – Mar del Plata de 1928 informaba al automovilista de la época que “La excursión en automóvil a Mar del Plata, ha dejado de constituir una aventura...” y da cuenta también, que “puede realizarse con toda tranquilidad en el término de 10 a 14 horas, sin sufrir interrupciones por la calidad del camino... a un promedio de 40 kms/h, que es la velocidad mas aconsejable para viajar en nuestras carreteras.... Por supuesto que no existía la ruta 2 y se debía viajar por varios caminos vecinales que conectados entre si formaban la ruta a Mar del Plata. De la ciudad de Buenos Aires se iba hacia La Plata, para aprovechar los únicos kilómetros que no eran de tierra, ya que se transitaba hasta las inmediaciones de Florencio Varela, por caminos empedrados.

Se salía entonces, de Buenos Aires por el camino afirmado a La Plata, que no es otro que el actual Camino General Belgrano, o por la actual Avenida Mitre y se llegaba a la intersección de ambas, cerca de Florencio Varela, lugar que según el mapa, se reconocía por que había un almacén y surtidor de nafta. Florencio Varela se cruzaba por el medio para seguir por la tierra del actual camino de “la Capilla” hasta interceptar el de La Plata a Brandsen.

Girando a la derecha, siempre por tierra, se entraba a Brandsen, de aquí, dice el texto del mapa, “saliendo hacia el sur, el camino costea casi siempre la vía del Ferrocarril del Sud, lo que evita inconvenientes de extravío.” Sin embargo en el mapa se ve que en Gándara, hay que cruzar la vía a la derecha y alejarse unos 5 kilómetros en busca del viejo Camino Real de Barracas a Chascomús y seguir transitando por él, hacia el sur. A pocos kilómetros de Brandsen, el camino se halla cruzado por el río Samborombón y aquí había entonces una pasarela para automóviles construida por el Automóvil Club Argentino “la que debe pasarse a poca velocidad y con mucha precaución

 
Primer tramo, cruzando Avellaneda hacia el sur. El cruce de Florencio Varela.

Por el Camino Real y tras 120 kilómetros recorridos desde Buenos Aires, se llegaba a Chascomús, donde había hoteles para desayunarse, talleres mecánicos, surtidor, etc. “que permiten reponer los desgastes sufridos”.

Estación de servicio Brandsen en 1944

Nosotros, después del desayuno, cargar combustible y arreglar un par de gomas pinchadas, seguimos viaje a Mar del Plata en la próxima actualización.

abajo izquierda: cruce Brandsen que se escribe con S y no con Z como muestra el plano.

abajo derecha: llegada y salida en Chascomús a 120 kilómetros de Buenos Aires.


Ramaleando la soledad

Un par de meses atrás acordamos con Alejandro salir a ramalear al sur de Juárez, la línea clausurada y levantada de Azul a Dorrego. La oportunidad sería propicia además, para ir a echar un vistazo a la estación de 16 de julio ubicada entre Olavarría y Chillar.

Mapa de la zona en los partidos de Azul, Benito Juárez y Gonzáles Cháves, con el detalle de las 3 partes ampliadas.

Salimos de Juárez a la mañana temprano de generoso desayuno y tanque lleno, rumbo a Chillar, habiendo convenido previamente que en esta etapa iríamos primero a 16 de Julio y desde allí, por caminos rurales a interceptar la traza del ramal que pasando por Ricardo Gaviña cruza los partidos de Juárez, Gonzáles Cháves y araña en La Sortija, el de Tres Arroyos.

El ramal de Empalme Querandíes a Vela, con sus estaciones intermedias 16 de Julio, Chillar y Tedín Uriburu fue abierto al servicio público por el Ferrocarril del Sud, el 1º de marzo de 1912.

A Chillar en el partido de Azul llegamos temprano el viernes de semana santa, no había nadie en la estación y seguimos viaje por un camino rural entoscado y en buenas condiciones que tras 23 kilómetros, llega a 16 de Julio, un pequeño y prolijo pueblito, también del partido de Azul.

16 de julio está ubicado en el partido de Azul. La estación se habilitó junto con el ramal, el 1º de marzo de 1912 y el pueblo que está a 500 metros se fundó con un remate de tierras, poco después.

La guía comercial del FCS dice que el pueblo pertenece al partido de Azul y la estación al de Benito Juárez. El pueblo lleva el nombre de la estación y ésta recuerda al 16 de julio de 1880, fecha en la que se casó Eladio Otamendi, familiar del Coronel Nicanor Otamendi. Lo que aquí nadie sabe y nosotros tampoco, es que tienen que ver, el Coronel con aquel casamiento y la estación. El pueblo cuenta con unos 150 habitantes.

 

En la foto de la izquierda un perro sobre la plataforma de la estación y un  viejo colectivo parecen esperar desde hace años a los pasajeros de un tren que nunca mas llegó.

Marcelo,el dueño de la estación de servicio y almacén anexo, gentilmente nos acompañó hasta la estación distante 500 metros del ejido urbano y que en la actualidad alberga el depósito de la delegación municipal y a su encargado, quien lamentablemente en esa oportunidad no estaba presente.

Algunas fotos, una recorrida por el pueblo y de nuevo en el camino, donde un análisis de nuestro itinerario puso en evidencia que no encontraríamos donde proveernos de víveres por lo menos hasta llegar a Berra, eso nos hizo volver a Chillar y desde allí, ahora si provistos de agua y algunas golosinas, salir bordeando la traza del ramal, rumbo a Ricardo Gaviña a dieciocho kilómetros por un camino vecinal.

La estación Chillar, habilitada el 1º de marzo de 1912 dio lugar a la fundación de un pueblo que lleva su nombre y recuerda a una antigua estancia del lugar. La chilla era en la lengua de los indios Pampas, la montura o silla para cabalgar y chillar parece ser el acto de ensillar los caballos de refresco por parte de los malones que se retiraban hacia el oeste. 

A partir de aquí la soledad fue una constante, kilómetro tras kilómetro solo vacas y pájaros indiferentes a nuestro paso y por momentos los restos del terraplén hasta llegar a la estación en cuyo cuadro vive, casi siempre, alguien que habita una de las casas auxiliares arrendada al ONABE, organismo estatal encargado de velar por los bienes que fueron del ferrocarril y cuyos funcionarios hace ya años que no pasan por allí.

Ricardo Gaviña se habilitó al servicio junto con todo el ramal desde Chillar hasta Empalme Dorrego, el 15 de junio de 1929. Su nombre recuerda al primer poblador de la zona. Uno de los nomencladores de la estación está desarmado y tirado a un costado del andén y curiosamente, el nombre está pintado, no en relieve como en las otras estaciones del ramal.

(Esto se debe a que la estación se llamó López Camelo hasta el 30 de enero de 1940, fecha en que se cambió por el nombre actual y sin duda, se borraron los carteles originales para pintarles encima el nuevo nombre. N del A -16/07/09).

El único habitante de Ricardo Gaviña que vimos y con una barba parecida a la de José Larralde, no puso ningún reparo en que saltemos el alambrado para recorrer el edificio de la estación. No hay nadie, dijo. Había uno viviendo allí pero ya no está y el edificio cada vez está mas destruido.

A lo largo de la traza del ramal, nadie sabe a ciencia cierta cuando se levantaron las vías. Es que nadie vive por allí hace mas de seis o siete años y cuando llegaron, la vía ya no estaba. Eso si, el ramal se clausuró para todo tráfico en 1977, pero las vías estuvieron algunos años mas.

arriba: estación Coronel Rodolfo Bunge.

 

Hay una pequeña población en Coronel R. Bunge que se encuentra a la vera de la ruta 86 entre Juárez y Laprida. Su nombre es un homenaje al militar veterano de la guerra del Paraguay, expedicionario al desierto, Diputado y Senador de la Provincia de Buenos Aires con campos en la región.

Diecisiete kilómetros adelante un monte viejo delata la presencia de la estación Coronel Bunge, aquí hay algunas casas y hasta un acceso asfaltado de dos kilómetros desde la ruta 86, que transita entre Juárez y Laprida. Dos familias viven en el edificio de la estación y una, conocidos de Alejandro a quienes él les dejó unas fotos prometidas en ramaleada anterior;  tras los saludos, agradecimientos y nuevas fotos del edificio, seguimos viaje, cruzando la 86, rumbo a Mariano Roldán.

Un camino recto de veintiún kilómetros y nadie a la vista, la soledad vuelve a salirnos al paso en el cuadro de la estación. Saltamos una tranquera vieja y alcanzamos caminando el andén que hoy solo sirve para guardar máquinas agrícolas.

abajo: estación Mariano Roldán cuyo nombre recuerda al fundador del partido de Benito Juárez. En las inmediaciones estaba la estancia Sol Argentino, primera población del partido.

Estación Juan E. Barra, punta de rieles del ramal proveniente de Barrow habilitado el 1º de diciembre de 1912. Aquí existe un pueblo, su nombre recuerda a Juan Eulogio Barra dueño de los campos donde en 1909 se fundó el pueblo que hoy tiene 250 habitantes. Las vías desde Tres Arroyos aún están pero no corren trenes desde 1977.

Lugo sin nadie a la vista a quien preguntar por el pasado o explicar nuestra presencia, seguimos viaje por intrincados y solitarios caminos vecinales hasta Juan E. Barra, antigua punta de rieles de otro ramal anterior donde existe un pueblito perteneciente al partido de Adolfo Gonzales Cháves en el que a las dos de la tarde como era previsible, estaban todos los negocios cerrados.

De allí a De la Garma, estación anterior a Juan E. Barra en el ramal que sale de Barrow hay por camino de tierra 16 kilómetros y allí nos dirigimos en busca de la estación y algo para comer, sin embargo aunque encontramos un hermoso y prolijo pueblo con sus calles asfaltadas y casas modernas, no vimos en él un bar abierto donde cumplir el objetivo gastronómico, así que decidimos buscar la salida hacia el sur e ir tras la siguiente estación de la vía que iba a Dorrego.

Estación De la Garma, su nombre recuerda a Antonio de la Garma quien donó las tierras para el paso del ferrocarril y construcción de la estación. Allí existe un prolijo pueblo con todas sus calles asfaltadas en la que hoy viven 1800 habitantes y que reconoce como fecha de fundación la de la habilitación del ramal.
A Pedro P. Lassalle llegamos con la amenaza de una tormenta que venía por el noroeste, en el trayecto vimos mucho ganado, algunas lagunas e infinidad de pájaros, alguien se cruzó con nosotros en una vieja F100 destartalada y ni un solo cartel indicador, para colmo el camino va lejos del terraplén que contuvo la vía, pero por suerte protegido por un monte de viejos eucaliptus, encontramos el edificio buscado. Aquí si, en una de las casas auxiliares de la estación una señora que la habita junto a una jauría de perros, nos atendió muy amablemente y no mostró reparo en que tomemos fotos y recorramos las instalaciones, pero de lo que allí sucedió cuando estaba la vía y pasaban trenes lamentablemente no tenía la menor idea.

Pedro P. Lassalle, su nombre es un homenaje al propietario del almacén de ramos generales y boliche de campo La Sortija, que funcionó en la zona en las décadas de 1870 y 1880. 

La plataforma parece haberse convertido en un secadero de Bosta, Leña de vaca que le dicen, muy útil para paliar los rigores del invierno pero complicado para caminar sobre ella.

La tormenta se hacía cada vez mas amenazadora y después de limpiarnos la bosta de los zapatos, salimos nuevamente en busca, esta vez de la estación La Sortija.

Estación La Sortija, en el partido de Tres Arroyos. Su nombre recuerda el boliche de Pedro Próspero Lassalle.

Llegamos tras 25 kilómetros de camino. En un cruce nos perdimos y un providencial gaucho a caballo al advertir nuestra incertidumbre se acercó al alambrado para explicarnos el camino correcto y tranquilizarnos con relación a la tormenta. No va a llover, dijo y la verdad le creo mas a él que al Servicio Meteorológico Nacional.

En La Sortija está el edificio que fuera la estación, una escuela rural y nada mas, ni siquiera el histórico almacén que fundara en ese lugar don Pedro P. Lassalle y que le diera el nombre a la estación, no hay nada, solo la soledad que con breves interrupciones es una constante en aquellos parajes y en cualquier otro de la provincia de Buenos Aires donde hubo una estación y por donde hoy los trenes ya no corren mas.

Para seguir el ramal hay que cruzar el arroyo Quequén Salado dando un largo rodeo hasta la ruta asfaltada de Tres Arroyos a Coronel Pringles y luego retroceder en busca del empalme a Indio Rico, decidimos dejarlo para otra ramaleada y volver a De la Garma en busca del asfalto que nos llevaría a Gonzales Cháves, a un buen café y un sandwich de lo que fuera.

Claudio Molina, su nombre es el del donante de las tierras donde en 1912 se habilitó la estación. 

El edificio está habitado. foto: Alejandro Braulke

Sin embargo, saliendo de De la Garma nos llamó la atención un cartelito con una flecha apuntando a la derecha que decía: a Claudio Molina 14 kmts., no lo pensamos dos veces y volvimos a bajar a la tierra en busca de la otra estación del ramal Barrow-Juan E. Barra.

Allí vive un productor agropecuario con su familia y hay alguna otra casa frente al cuadro de la estación, tomamos un par de fotos y tratando de acortar camino hacia Cháves, volvimos a perdernos en un camino imposible y consultando mapas trazados por quienes nunca estuvieron allí. Alguien que venía en sentido contrario con su camioneta nos orientó y encontramos finalmente la ruta 3 que nos llevó hasta la confitería del hotel de Juárez, punto de partida de esta ramaleada y donde nos esperaba un buen café y un par de sandwiches de no se que cosa pero muy ricos.


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